sábado, 15 de febrero de 2014

POSIBLE ENMASCARAMIENTO DE UNA FIGURA MÍTICA DE LA CULTURA CRIOLLA DEL LITORAL ARGENTINO POR HUMANOIDES EN EL CASO GOBERNADOR VIRASORO (1983)

”La casilla abandonada donde, según algunos habitantes del barrio,
 se reúnen durante las noches las extrañas criaturas 
(Enviados Especiales, 1983)
por Andrés Salvador

Ya que solo hay un crimen (…) en sentido universal, que es no enverdecer a los dioses, cuando uno es verde

Charles Fort, El Libro de los Condenados 


En este trabajo nos proponemos examinar el posible enmascaramiento de una figura mítica de la cultura criolla del litoral argentino por humanoides en el caso Gobernador Virasoro (1983).

Hechos del Caso Gobernador Virasoro. En diciembre de 1983 en la ciudad de Gobernador Ingeniero Valentín Virasoro en el Departamento de Santo Tomé en la Provincia de Corrientes (Argentina), se habría producido en distintas oportunidades  la observación de criaturas humanoides,  que los enviados especiales del diario El territorio de Posadas (Misiones) presentan en los siguientes términos:

“Un Vasto sector de la población local se encuentra conmocionada después que varias personas -la mayoría niños- afirmaron haber visto en los últimos días a “pequeños hombrecitos de color verde, con un solo ojo y aspecto inofensivo”, deambulando en las proximidades de los barrios ubicados al sur de aquí (…)  En general, la mayoría de los presuntos testigos de las apariciones coincidió en describir a “los hombrecitos” como de “unos 60 centímetros de estatura, piel rugosa y mirada penetrante” (…) Los “gnomos”, según las distintas especies, emiten “agudos chillidos” y rehúyen “todo acercamiento con los humanos” (…) Las extrañas criaturas, según testigos, han sido vistas “en las proximidades de una casilla abandonada”, sobre el extremo sur de los barrios construidos recientemente, donde comienza un campo de gran extensión propiedad del establecimiento “Las Marías” (Enviado Especiales, 1983).

Según se informa: “Las primeras noticias sobre la aparición de los pequeños hombres verdes -a quienes se denomina popular de “gentecitos”-  se remontan a la madrugada del 8 de diciembre útimo, cuando uno de ellos -según la descripción- interceptó el paso de un grupo de jóvenes que se dirigía a pie por la ruta nacional 14 hacia el paraje “Dionisio Sosa”, unos 12 kilómetros al Sur de aquí.
   Unos de los integrantes del grupo -que prefirió no ser identificado- dijo que el “hombrecito verde parecía querer comunicarnos algo, pero cuando nos aproximamos huyó despavorido hacia el campo”.
   El joven narró que intentaron localizarlo, pero la oscuridad les impidió una búsqueda más exhaustiva y decidieron continuar la marcha” (Enviado Especiales, 1983).

Señalan los enviados que: “A todo esto, no pocos niños y personas adultas que habitan los barrios del sector sur, afirman haber visto “huellas de pisadas de pequeño tamaño” que podrían pertenecer a los “enanos verdes”, pero curiosamente nadie hasta el momento ha intentado preservar tales indicios.
   Otros, en cambio, juran haber “escuchado voces y otros sonidos extraños provenientes de la casilla abandonada”, donde se supone que los pequeños personajes efectúan sus reuniones.
   Vecinos del lugar manifestaron que “todas las noches se forman grupos de personas” que permanecen “hasta la madrugada del día siguiente” en las inmediaciones de la casilla abandonada aguardando “la aparición de los gentecitos”, mientras otros, con idéntico propósito, recorren con linternas o faroles el campo situado más allá del alambrado perimetral.
   Hasta ahora, sin embargo tanto las porfiadas “expediciones” como las persistentes “guardias” frente al sitio de las supuestas apariciones han resultado infructuosas” (Enviado Especiales, 1983).

La crónica señala que si bien  el criterio generalizado entonces, es el de que las apariciones se explican como una “psicosis colectiva (…) alimentada por la reciente aparición de “enanos verdes” en la ciudad de La Plata” (Enviado Especiales, 1983), en referencia a  la presunta observación de  “siete enanitos verdes” con “un solo ojo y la piel arrugada” (Agostinelli, 2009: 216 y 217) ocurrida en el barrio de Villa Montoro en La Plata (Buenos Aires - Argentina) en diciembre de 1983[1],  no faltó quienes atribuyeran a los humanoides un  “origen extraterrestre” (Enviado Especiales, 1983). 

Los humanoides en el caso Gobernador Virasoro (1983) y la figura del Yasy Yateré.  Ahora, de particular  interés para nosotros, es el que los cronistas advierten la semejanza entre los hechos que se entiende estaban ocurriendo y las creencias en torno a una figura mítica de la cultura criolla del litoral argentino como la del Yasy Yateré:

   “La fecunda mitología regional tiene aquí una muestra enigmática -verdadero desafío para sociólogos y sicólogos- que puede muy bien compararse con la antigua creencia del Yasy Yateré.
   Matices más, matices menos, la aparición de duendes, hombrecitos, gentecitos o “el enanito de la siesta” de largo sombrero, que tanto asustaba a los chicos de antaño, se reedita en la historia que ahora supuestamente acontece en Virasoro.
   La leyenda -como el espiral de la historia- vuelve con algunos aditamentos.
   Y aunque desde el fondo de los vastos campos correntinos; entre espartillares y tártagos, el “sucedido” en noches de luna o perezosas siestas de verano, hace volar la imaginación de gente sencilla, consustanciada con una vida muy ligada a la naturaleza agreste.
   En tanto, los ruidos del silencio, con el Yasy Yateré virasoreño acechando, quita el sueño a más de uno y mantiene una suerte de suspenso cinematográfico enmarcado por el escenario fascinante de llanura, bañado y montes” (Enviado Especiales, 1983).

No obstante, solo es posible establecer un relativo isomorfismo entre los humanoides del caso Gobernador Virasoro (en adelante CGV) y la figura mítica del Yasi Yateré (en adelante FM), como surge de su examen conforme a una de las tricotomías del signo propuestas por Charles S. Pierce (Blache,1982: 44):

1. Nivel Icónico = como se percibe sensorialmente a la figura mítica: CGV: “pequeños hombrecitos de color verde”, “unos 60 centímetros de estatura, piel rugosa y mirada penetrante”,  emiten “agudos chillidos”, se asocia a ellos “voces y otros sonidos extraños” y “huellas de pisadas de pequeño tamaño”. FM: el Yasí-Yateré se presenta como “un ser pequeño, de aspecto infantil, rubio, de ojos azules” (Blache, 1982: 64)[2].

2. Nivel indicial = como expresa su actuar: CGV: “a la madrugada (…) uno de ellos (…) interceptó el paso de un grupo de jóvenes”, el “hombrecito verde parecía querer comunicarnos algo, pero cuando nos aproximamos huyó despavorido hacia el campo”, rehúyen “todo acercamiento con los humanos”, son vistos “en las proximidades de una casilla abandonada[3] (…) donde se supone que los pequeños personajes efectúan sus reuniones”. FM: el Yasí-Yateré “juega por los montes” (Blache, 1982: 66) “los parajes alejados o solitarios” (Blache, 1982: 67) y habla (Colombres, 2009: 104). “Es a los niños a quienes más busca. Le divierte jugar con ellos y desea vivamente su compañía. Cuando algún pequeño queda cautivo de su gracia, lo lleva consigo, haciéndolo compañero de sus juegos. Algunos nunca vuelven, otros pierden la voz. Hasta quedan sin memoria” (Yampey, 2003: 77), “Los actantes que se oponen a la percepción del Yasý Yateré son la noche, la falta de sol” (Blache, 1982: 66) = “su andar discurre solamente durante las siestas” (Yampey, 2003: 77).

3. Nivel simbólico = como la valoriza el informante: CGV: “aspecto inofensivo”, “y mirada penetrante”, su posible presencia lleva a los niños a modificar su comportamiento, asunto este que examinamos separadamente. FM: “Este personaje puede ser muy malo, pero la mayoría de las veces no hace daño. Su función primordial es la de atemorizar a niños o jóvenes” (Blache, 1982: 68).

Papel y  comportamiento de los niños en relación al CGV y la FM. Girala Yampey presenta la relación entre los niños y el Yasy Yateré en el siguiente cuadro: “El duende ama en especial a los niños. No desea hacerles daño sino gozar de la compañía de los pequeños. Se siente feliz inventando travesuras para jugar con ellos (…) Durante las ardientes siestas, Jasyjatere, busca a los niños y se hace seguir de ellos hasta algún claro en el bosque. Allí, dan rienda suelta a sus divertidos juegos y convida a los pequeños con miel que siempre tiene a mano, escondida en el hueco de los árboles. Al goloso duende rubio le encanta la miel silvestre (…) Una vez llegado al lugar elegido para estar en compañía de sus amiguitos, inventa los juegos más inverosímiles. Por momentos, monta sobre algún animal, vuela sobre las alas multicolores de un gua`a (guacamayo) o brinca al ritmo de festivas canciones para encantar a sus compañeritos. El entusiasmo  crece, junto a la alegría, hasta límites solo posibles en la límpida inocencia de los niños. Luego, en un arrebato de regocijo, Jasyjatere, les lame el rostro y les da un beso en la boca. Los pequeños quedarán atontados y perdidos. Generalmente, los padres los encuentran vagando sin tino o enredados en lianas y zarzales” (Yampey, 2003: 78).

En el  CGV quienes afirman haber visto a  los humanoides son en su “mayoría niños”, y se señala que  “Los niños, por su parte, han modificado sustancialmente sus costumbres, en especial el vagabundeo, ya que la idea de encontrarse con los presuntos “extraterrestres” ha restado atractivos a la calle y prefieren, ante la complacencia de las madres, el seguro refugio del hogar”. Es precisamente esta modificación del comportamiento,  que resulta de una valoración que opera en el nivel simbólico, lo que remite con más claridad que los isomorfismos que se advierten en el nivel  icónico e indicial a la FM; en efecto, refiriéndose a los destinatarios sobre los que recae la leyenda del Yasy Yateré, observa Martha Blache que: “Indudablemente, los componentes de la sociedad sobre los cuales esta narrativa se recorta con mayor incidencia son los niños. El hecho de mencionarlo los atemoriza, evita que hagan travesuras o los induce a comer. Básicamente, la creencia en el Yasy Yateré oficia como mecanismo de control utilizado por la comunidad para asegurarse de que ellos tengan un freno mientras los mayores duermen la siesta” (Blache, 1982: 70).

Semejanza de los humanoides del Caso Gobernador Virasoro  con los del Caso Torrent (1965). Es oportuno recordar aquí que en el Caso Torrent (1965)[4] inicialmente los humanoides son percibidos como “bultos bajos”, “enanos” de medio metro, más o menos (Ribera, 1974: 85) mientras que en el Caso  Gobernador Virasoro  se los presenta  como “hombrecitos” de “unos 60 centímetros de estatura”, pero además es interesante, que se describe a los “pequeños hombrecitos de color verde, con un solo ojo”, característica que también presentan los humanoides del Caso Torrent  en la descripción que años antes hace de estos el diario El Territorio: “con un solo ojo a la altura de la frente y además con un artefacto ubicado en la cabeza que proyectaba un denso haz de luz” (Ribera, 1974: 84-85); señalemos que en ambos caso la primera información surge del mismo diario[5].

Posible enmascaramiento de una figura mítica de la cultura criolla del litoral argentino por humanoides en el caso Gobernador Virasoro (1983).  En el CGV se advierte que la observación de humanoides, que para los cronistas “reedita” “la antigua creencia del Yasy Yateré”, se explica como una “psicosis colectiva (contagio, tal vez, de lo ocurrido en la Plata)” o se les atribuye un “origen extraterrestre” (Enviado Especiales, 1983).

Ahora bien, como la creencia en el Yasý Yateré forma parte, al momento de los hechos, de una narrativa vigente[6], es posible que las explicaciones propuestas sean expresión de la resignificación  de una figura mítica de la cultura criolla del litoral argentino, ya sea “desacraliza[ndola] = psicosis colectiva, o “disfraza[ndola] bajo formas <<profanas>>” (Eliade, 1994: 198) = origen extaterrestre.

Estaríamos frente a lo que, con Mircea Eliade, podemos llamar enmascara[miento] (Eliade, 1994: 164), esto es el proceso por el cual temas y personajes mitológicos persisten tras cambiar sus formas clásicas por otras (Eliade, 1994: 164 y 198)[7], y en el que los medios masivos de comunicación cumplen un papel significativo (Eliade, 1994: 192)[8] al “tomar y utilizar innumerables motivos míticos: la lucha entre el Héroe y el Monstruo, los combates y las pruebas iniciáticas, las figuras y las imágenes ejemplares (la <<Joven>>, el <<Héroe>>, el paisaje paradisíaco, el <<Infierno>>, etc.)” (Eliade, 1992: 172).

A modo de conclusión. Así como “A veces ocurre, raramente, que se tiene la ocasión de presenciar en vivo la transformación de un acontecimiento en mito” (Eliade, 1985: 47) el CGV permitiría aproximarnos al momento en que se opera el enmascaramiento de una figura mítica = el Yasy Yateré  bajo la forma profana de extraterrestres, o a su desacralización al proponerse una explicación puramente racional = “psicosis colectiva”, proceso aquel que debe tenerse presente en el examen de las observaciones de humanoides asociados o no al fenómeno ovni[9].

Bibliografía

Agostinelli, Alejandro   2009:
Invasores – Historias reales de extraterrestres en la Argentina.
Buenos Aires, ed. Sudamericana, 2009.

Banchs, Roberto 1994:
Fenómenos aéreos inusuales – Un enfoque biopsicosocial.
Buenos Aires, ed. Leuka, 1994.

Blache, Martha 1982:
Estructuras del miedo.
Buenos Aires, ed. Plus Ultra, 1982.

Colombres, Adolfo 2009:
Seres sobrenaturales de la cultura popular argentina.
Buenos Aires, ed. del Sol, 2009.

Eliade, Mircea 1994:
Mito y realidad.
[Colombia], ed. Labor, trad. cast. de Luis Gil, 1994.

Eliade, Mircea  1992:
Lo sagrado y lo profano.
Barcelona, ed. Labor, trad. cast. de Luis Gil, 1992.

Eliade, Mircea 1985:
El mito del eterno retorno.
Barcelona, ed. Planeta-Agostini, trad. cast. de Ricardo Anaya, 1985.

Enviado Especiales   1983:
Conmoción en Gobernador Virasoro por una supuesta aparición de “hombrecitos verdes”.
en El Territorio [Posadas], Jueves 22 de Diciembre de 1983, p. 17.

Ribera, Antonio 1974:
América y los OVNIS.
México, ed. Posada, Serie La Otra Cara - Colección Duda Semanal 95, 1974.

Yampey, Girala   2003:
Mitos y Leyendas Guaraníes.
Resistencia [Chaco], ed. Universidad Nacional del Nordeste, 2003.


ANDRÉS SALVADOR Es Abogado y Profesor de Ciencias Jurídicas. Se interesa en el Pensamiento simbólico y en el contexto de su pérdida social y sus consecuencias; asimismo se ha dedicado al estudio de la persistencia del pensamiento mitológico y su relación con el fenómeno OVNI.Es administrador del blog OVNIS en Corrientes  http://www.ovnisencorrientes.blogspot.com.ar/ que presenta notas e información sobre el fenómeno y su manifestación en el ámbito de esa Provincia. Es responsable del Café Ufológico de Corrientes, miembro de la Acadèmie d'Ufologie de Francia y de la Comisión de Estudio del Fenómeno Ovni de la República Argentina – CEFORA, así como Director Nacional del Capítulo de la Mutual UFO Network – MUFON en Argentina. Está dedicado a la elaboración de un catálogo de los casos registrados documentalmente en la Provincia de Corrientes entre 1947 y 2001.





1] No examinamos aquí la relación entre la información periodística relativa a estos hechos y el caso Gobernador Virasoro, cuestión en la que debe atenderse a las observaciones de Alejandro Agostinelli, 2009: 215-222. No nos interesan aquí los hechos en tanto que fenómeno físico, sino la representación social y mediática de estos.

[2] El Kurupi “cuando se corporeiza, que lo hace en raras ocasiones, es como un indígena, pequeño y montaraz, de piel rugosa” (Yampey, 2003: 73).

[3] Adviértase que la “casilla abandonada”, se encontraba “sobre el extremo sur de los barrios construidos recientemente, donde comienza un campo de gran extensión”.

[4] Examinamos este caso en nuestro trabajo Posible asimilación de los Humanoides del Caso Torrent (1965) a modelos míticos persistentes en el imaginario social de Corrientes, en Alternativa OVNI, Marzo 2013, Número 1, pp. 13-17.

[5] Para el Caso Torrent (1965) véase  El Territorio, Posadas (Misiones - Argentina), 31 de enero de 1965. 

[6] Sobre esto es del mayor interés el artículo de Buenaventura R. D. Terán, Vigencia de la narrativa guaraní-jesuitizada en el folklore del litoral fluvial: Aporte al conocimiento de la literatura oral de la región bañada por el rio Paraná, en Suplemento Antropológico - Universidad Católica (Asunción - Paraguay), Vol. XVII, nº 1, junio 1982, pp.213-230.

[7] Eliade discute algunos de los mitos que persisten en la modernidad en Mitos, sueños y misterios, ed. Compañía General Fabril, Buenos Aires, 1961, trad. cast. de Lysandro Z. D. Galtier, Los mitos del mundo moderno, pp.19-36.

[8] “Recientes investigaciones han puesto en claro las estructuras míticas de las imágenes y de los comportamientos impuestos a las colectividades por la via de los mass-media” (Eliade, 1994: 192); sobre la relación entre noticias e información periodística y el fenómeno de los ovnis véase Banchs, 1994: La información periodística, pp. 23-42.

[9] Desde una perspectiva distinta a  la que aquí intentamos sirviéndonos de instrumentos teóricos de la Historia de las Religiones, la Antropología y la Sociología, la relación entre los OVNIS y sus tripulantes con mitos y materiales legendarios tradicionales, es examinada en la pionera obra de Jacques Vallée, Pasaporte a Magonia, ed. Plaza & Janes, Barcelona, 1976, trad. cast. de Antonio Ribera.